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Trastorno Límite de la Personalidad: Psiquedélicos y la Búsqueda de Estabilidad

El psiquiatra José Valencia hace un llamado a la reestructuración de las prioridades socioculturales como complemento de un cambio de paradigma en la salud mental que considere las potenciales aplicaciones de las sustancias psiquedélicas, esto mediante un análisis del trastorno límite de personalidad, la llamada “muerte del ego” y su relación con estudios clínicos actuales de la investigación psiquedélica.

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Dr. José L Valencia
Médico mexicano que desde etapas tempranas de su formación se interesó en el estudio de sustancias psiquedélicas y de los estados holotrópicos de la conciencia. Durante su servicio social, tuvo la oportunidad de asistir en investigaciones relacionadas a la fenomenología del psiquedélico 5-MeO-DMT. Actualmente, el Dr. Valencia se encuentra realizando el tercer año de la especialidad en psiquiatría y busca la forma de incorporar las sustancias psiquedélicas a la práctica de la psiquiatría en México.

“Tratar de definir el trastorno límite de la personalidad es como observar detenidamente una lámpara de lava: lo que se observa está en constante cambio. La enfermedad no solo causa inestabilidad, también la simboliza” 1

– Dr. Janice Cauwel

“Abrió la puerta del consultorio con dificultad. Al estrechar su mano para saludar, su expresión cambió de tristeza a dolor; unos puntos de sutura se alcanzaban a ver debajo de la manga de su abrigo, gotas de sudor recorrían su frente y un intenso olor a alcohol emanaba de su cuerpo. –Lo hice otra vez–, dijo Verónica, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y rompía en llanto.” 

Esta fue la quinta ocasión en el lapso de dos años en la que Verónica acudió a ser valorada en un servicio de urgencias psiquiátricas, habiendo requerido en el pasado tres hospitalizaciones por intento de suicidio con ideas de muerte persistentes. Desde su primera visita, se le identificaron síntomas de depresión, por lo que se prescribió tratamiento farmacológico y se canalizó a terapia psicológica. A lo largo de sus consultas de seguimiento, era inusual que Verónica hiciera comentarios positivos de ella misma, constantemente mencionaba sentirse vacía y con un miedo intenso a que sus parejas y amistades la abandonaran. Al enfrentarse a estresores ambientales –en esta ocasión, una ruptura amorosa–, comúnmente se ve involucrada en situaciones que ponen en riesgo su vida; arranques de enojo y violencia que causan destrucción de objetos materiales, realización de cortes en su cuerpo y consumo excesivo de alcohol asociado a alta impulsividad. A la fecha, a pesar de múltiples cambios en su esquema de tratamiento, esta forma de percibirse y de actuar, continúa impactando de forma negativa su salud física y relaciones interpersonales, lo que orientó al diagnóstico de trastorno límite de la personalidad (TLP).

La personalidad es el resultado de interacciones genéticas y ambientales que inician desde el útero materno y que continúan a lo largo de la vida. Para Gordon Allport -psicólogo estadounidense reconocido por sus trabajos sobre personalidad-, es aquello que permite a un individuo moldearse y adaptarse de forma única a las distintas experiencias que se presentan en la vida. Durante la niñez, se adquieren conductas basadas únicamente en nuestras emociones, mismas que tienden a ser estables a lo largo de la vida; sin embargo, conforme el cerebro de un individuo se desarrolla, este adquiere habilidades que le permiten aprender de sus experiencias, y con ello, tener la posibilidad de madurar la forma en que se percibe y la forma en la que se conduce por el mundo; en pocas palabras, nuestra personalidad es capaz de transformarse con el tiempo.2

Experiencias difíciles pueden impactar el desarrollo normal del cerebro, lo que en ocasiones predispone a problemas en la adaptación y desarrollo de sintomatología mental.

Experiencias difíciles pueden impactar el desarrollo normal del cerebro, lo que en ocasiones predispone a problemas en la adaptación y desarrollo de sintomatología mental.3 Cuando un individuo presenta actitudes y conductas persistentes que son perjudiciales en distintas áreas de la vida, se puede considerar la presencia de un trastorno de personalidad.4 Una revisión de artículos científicos realizada en Londres el año pasado, analizó 43 estudios provenientes de 21 países y estimó que globalmente, cualquier trastorno de personalidad afecta aproximadamente al 7.8% de la población y, específicamente, el grupo al que pertenece el trastorno límite de la personalidad se presenta entre un 1.5-3.7%.5 El éxito del tratamiento para el trastorno límite de la personalidad, depende de en qué grado este es capaz de reducir la sintomatología asociada, y con ello conseguir mejorar la forma en la que estos individuos se relacionan con el mundo, además de disminuir el riesgo de autolesiones y de suicidio.

La psicoterapia -tanto en su corte psicoanalítico como dialéctico conductual-  es la modalidad de tratamiento que a la fecha ha mostrado mayor eficacia para el manejo de este trastorno, sin embargo, se ha reportado que sus efectos son de bajo grado e inestables con el tiempo.6

Unos investigadores que estudiaron a 131 sujetos diagnosticados con algún trastorno de personalidad e ideación suicida, relacionaron el bajo efecto terapéutico de estos tratamientos al paradigma actual de la psiquiatría, la cual, como rama de la medicina, se ha mantenido leal a buscar explicaciones basadas en mecanismos cerebrales. Encontraron que, bajas puntuaciones en “autotrascendencia” –una dimensión de la personalidad que refleja la magnitud en la que un individuo se conceptualiza a sí mismo como parte integral del universo-, se relaciona con una menor capacidad de afrontamiento a las adversidades y mayores conductas suicidas; al contrario, puntuaciones altas se relacionaron con una mejor percepción de la calidad de vida.7

Las primeras investigaciones con LSD en pacientes con inestabilidad emocional fueron realizadas en la década de los cincuenta. Desde ese tiempo, los resultados obtenidos fueron prometedores; se observó que los individuos estudiados revivían experiencias traumáticas reprimidas y, posterior a esto, presentaban mayor y más rápida mejoría en comparación a otros tratamientos dados en el pasado.

Más de ciento veinte años han pasado desde que se comenzaron a publicar estudios interdisciplinarios sobre sustancias psiquedélicas. Las primeras investigaciones con LSD en pacientes con inestabilidad emocional fueron realizadas en la década de los cincuenta. Desde ese tiempo, los resultados obtenidos fueron prometedores; se observó que los individuos estudiados revivían experiencias traumáticas reprimidas y, posterior a esto, presentaban mayor y más rápida mejoría en comparación a otros tratamientos dados en el pasado.8 En 1964, Mogar y colaboradores utilizaron una prueba psicológica para medir cambios en rasgos de personalidad tras 6 meses de administrar una sola dosis de LSD; los participantes presentaron mayor sensación de bienestar global, con disminución considerable de síntomas de depresión y de ansiedad, lo que impactó positivamente su conducta y relaciones interpersonales.9

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De forma reciente, investigadores del departamento de psicología de la Universidad Ryerson en Toronto, exploraron la posibilidad de incorporar psiquedélicos en las intervenciones terapéuticas para el trastorno límite de la personalidad. Este análisis, tras ejemplificar distintos resultados de investigaciones, pretendió dar explicación al mecanismo por cual los psiquedélicos ejercen un efecto benéfico sobre estos individuos. Se reconoce que los psiquedélicos clásicos tienen influencia en la actividad de ciertas estructuras cerebrales; dos ampliamente conocidas son la amígdala y la corteza prefrontal. La primera se relaciona a las emociones básicas y la segunda a procesos de razonamiento.  Estos investigadores sospechan que la regulación emocional encontrada – y sus consecuencias positivas en la conducta-  se debe a la disminución de actividad de la amígdala y el aumento en la corteza prefrontal; sin embargo, reconocieron la importancia de realizar estudios que evalúen directamente los cambios en la inestabilidad de identidad tras la administración de psiquedélicos.10

Una característica descrita de las experiencias con psiquedélicos es la sensación de pérdida de los límites de uno mismo que culmina con la disolución del ego –conceptualizado en fenomenología de psiquedélicos como la imagen interna que tiene una persona de sí mismo- y la entrada a un estado mental de unión con el mundo externo.11 Al tratar de describir la forma en la que los psiquedélicos ejercen su efecto benéfico, esta característica, –la disolución del ego-, debe ser observada y relacionada a los cambios que puede dar en la capacidad de autotrascendencia de un individuo. Podría ser que los efectos terapéuticos bajos de las modalidades actuales de tratamiento para el trastorno límite de la personalidad, se deban a la poca atención en la autotrascendencia. La relación entre el bienestar espiritual y mejoría en sintomatología psiquiátrica en pacientes con cáncer avanzado ha sido documentada. Los autores de este artículo comentan sobre la importancia de crear programas de tratamiento que agreguen el enfoque espiritual de un individuo.12 Es probable que si se continúa tratando de discernir los efectos beneficiosos de los psiquedélicos mediante explicaciones cerebrales nos limitemos a entender su mecanismo real por completo.

“En la sociedad actual, individuos con alta autotrascendencia podrían parecer con desventaja sobre otros, en donde el idealismo, la modestia y la búsqueda del sentido pueden interferir con la adquisición de riqueza y poder” (Cloninger & Svrakic, 2017)

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En el pasado, situaciones distintas a la que actualmente vivimos, pero con impacto similar sobre nuestra salud, han propulsado la búsqueda de tratamientos más efectivos y más rápidos, lo que ha generado la entrada de nuevos paradigmas en materia de salud mental. Sin embargo, considero que un cambio en el paradigma de la salud mental no será suficiente para incorporar las sustancias psiquedélicas en la práctica médica cotidiana. Veo la necesidad de reestructurar las prioridades socioculturales en las que vivimos; una reorganización que permita al individuo trabajar en su autotrascendencia. Soy optimista, que, con estos cambios, por más graduales y lentos que sean, personas como Verónica, podrían beneficiarse de la psicoterapia asistida con psiquedélicos.

Samira. Krystel Rascon. serie: Identidades Transitorias. Fuente: www.krystelrascon.com        

Referencias:

  1. Mason, P.T. & Kreger R. (2010). The Inner World of the Borderline: Defining BPD. Stop walking on eggshells (2da ed.). Oakland, USA: New Harbinger Publications, Inc.
  2. Cloninger C.R.& Svrakic D.M. (2017). Personality disorders. In H. I. Kaplan & B. J. Sadock (Eds.) Comprehensive textbook of Psychiatry/IV (Vol. 1, 410th ed). Baltimore: Williams & Wilkins.
  3. Mueller I. & Tronick E. (2019) Early Life Exposure to Violence: Developmental Consequences on Brain and Behavior. Frontiers in Behavioral Neuroscience. DOI=10.3389/fnbeh.2019.00156.   
  4. American Psychiatric Association. (2013). Personality Disorders. Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ta ed.). Arlington, VA.
  5. Winsper, C., Bilgin, A., Thompson, A., Marwaha, S., Chanen, A., Singh, S., . . . Furtado, V. (2020). The prevalence of personality disorders in the community: A global systematic review and meta-analysis. The British Journal of Psychiatry, 216(2), 69-78. doi:10.1192/bjp.2019.166
  6. Cristea, I. A., Gentili, C., Cotet, C. D., Palomba, D., Barbui, C., & Cuijpers, P. (2017). Efficacy of Psychotherapies for Borderline Personality Disorder: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA psychiatry, 74(4), 319–328. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2016.4287
  7. Marinela Minodora Manea., et al. (2019) The Impact of Personality Spiritual Dimensions like Self-Transcendence and Self-Awareness on Quality of Life in a Psychiatric Sample with Suicidal Behavior. EC Psychology and Psychiatry. 8.5: 357-363.
  8. Sanford ML Unger (1963) Mescaline, LSD, Psilocybin, and Personality Change a Review, Psychiatry, 26:2, 111-125, DOI: 10.1080/00332747.1963.11023344
  9. Mogar, R. E., & Savage, C. (1964). Personality change associated with psychedelic (LSD) therapy: A preliminary report. Psychotherapy: Theory, Research & Practice, 1(4), 154–162. https://doi.org/10.1037/h0088594
  10. Zeifman R.J. & Wagner A.C. (2019). Exploring the case for research on incorporating psychedelics within interventions for borderline personality disorder. Journal of Contextual Behavioral Science.: https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2019.11.001.
  11. Preller, K. H., & Vollenweider, F. X. (2018). Phenomenology, Structure, and Dynamic of Psychedelic States. Current topics in behavioral neurosciences, 36, 221–256. https://doi.org/10.1007/7854_2016_459
  12. Bogenschutz, M. P., & Ross, S. (2018). Therapeutic Applications of Classic Hallucinogens. Current topics in behavioral neurosciences, 36, 361–391. https://doi.org/10.1007/7854_2016_464

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